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TERAPIA OCUPACIONAL EN PICOS DE EUROPA

Continuamos con nuestro segundo día en Picos de Europa.

Nuestro primer objetivo era hacer una cima en alguno de los picos del macizo central. Para ello teníamos que tomar el teleférico de Fuente Dé.

No les importo madrugar ese día más de la cuenta con tal de coger el primer teleférico del día. Después de una corta espera en una cola para subir al teleférico en la que todos eran montañeros y ellos los únicos niños, llegó el momento de subirnos a la cabina. Aunque la cara de algunos manifestaba incertidumbre por la novedad que iban a experimentar al subir al teleférico, ninguno dudó y entraron sin vacilación. Todos agrupados buscando la ventanilla por la que mirar mejor, incluso los montañeros les dejaban el mejor sitio para ver la ascensión del teleférico. Fueron 4 minutos alucinantes tanto para ellos como para nosotros ver sus caras y oír los comentarios que iban haciendo cuando desde arriba veían las casas, los coches y las personas cada vez más pequeñitas. Decían: «mira parece que sobrevolamos la ciudad de los legos» «mira los coches son como Hot Wheels «…

Una vez arriba en la estación y después de asomarnos todos desde el mirador colgante, iniciamos nuestra ruta para buscar la cima a la que subir.

El hecho de hacerles subir una cima en aquel ambiente alpino rodeado de gigantescas y verticales montañas tenía la intención de ser muy positivo para que yo trabajara con ellos principalmente la autoestima.

Cuando vieron el paisaje del macizo central, donde estaban, con quien estaban decían «esto es para montañeros pro como nosotros» y cuando al buscar una cima a la que subir señalaban nada más y nada menos que la Torre de Horcados Rojos. Confirme que en ese momento ya la autoestima la tenían superada.

Durante la aproximación a aquella cima que nunca sabremos cual hubiera sido, y al ir interesándose por todo lo que veían descubrieron a lo lejos unas cuevas y preguntaban que qué eran. Al decirles que eran minas, sus caras cambiaron. Curiosamente a la mayoría les encantaban los minerales y a la pregunta que nos hicieron de que si podíamos ir a las minas y viéndoles esas caritas de ilusión por entrar por primera vez en unas minas, cambiamos sin vacilación nuestro objetivo. Dijimos «vamos a pasar de ser escaladores a mineros» y pusimos rumbo a las minas. Después de 1h de subida por una senda alpina llegamos a las minas.

Nuestra experiencia alucinante cuando llegamos a la boca de la mina y en pleno verano salía de su interior un aire helado. Casi todos se tuvieron que abrigar antes de entrar y entre la luz de los móviles y que algunos de ellos llevaban linternas en sus mochilas, entramos en la mina y cada uno cogió los minerales que más les gustaba.

De regreso todos contentos con una apreciada carga que llevaban en sus mochilas (tanto por los minerales como por la experiencia que habían vivido).

Y esperando el teleférico de vuelta, un merecido helado.